Filipenses 4:6-7

 Filipenses 4:6-7

Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7. NTV)


Conocemos estás palabras de memoria. Lo más probable es que nos hayamos cobijado en ellas más de una vez en nuestras angustias. La paz de Dios que supera todo entendimiento, qué tremenda promesa. Sin embargo ¿recuerdas cuáles son las verdades que Pablo nos entrega antes de pronunciar esta promesa?


Si miramos con atención, este versículo inicia con la partícula “así”, la cual indica una relación de causa y consecuencia. También puede interpretarse como: “entonces”, “a causa de lo anterior”. Este pequeño marcador nos indica algo trascendente: las palabras anteriores a esta sección son la clave para recibir la promesa que aquí se pronuncia. Por tanto esta paz, que supera todo lo que podemos entender y que asegura cuidar nuestra mente y corazón, vendrá a nosotros como consecuencia de lo que Pablo explica un momento antes.


Echemos un vistazo al versículo seis: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.” Aquí tenemos la clave. La oración “no se preocupen por nada” puede traer a nuestra mente un sinfín de frases vanguardistas que buscan aliviar nuestro corazón de sus cargas. “Deja que todo fluya”, “No te preocupes y sé feliz”, “Mantén la calma y sonríe”. Sin embargo, ninguna de ellas nos da un consuelo que pueda encargarse realmente de aquello que nos aflige. No hay respuesta tan clara y práctica a la preocupación como la que Dios nos entrega aquí: “en cambio, oren por todo”. La clave de nuestra paz en Jesús está en nuestra comunicación con Él. 


No es que dejemos de preocuparnos porque nuestros problemas se desvanecerán por sí mismos, o porque en nosotros esté la fuerza para resolver nuestros propios asuntos. Es que Dios puede sostenernos en nuestras angustias. Nada de nuestras circunstancias es demasiado grande. Él está en control de todas las cosas y eso permite nuestro descanso en Su sustento. Durante su ministerio público, Jesús fue muy claro en este aspecto: “Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso.” (Mateo 11:28). Una y otra vez la clave sigue siendo la misma: ir a Él.


Nuestro Dios no nos da una falsa seguridad. No dice que no estaremos preocupados, ni que encontraremos siempre la respuesta a nuestro dolor. En su lugar, nos da el secreto de paz: “oren por todo”. Vengan a mí. Podemos acudir una y otra vez a Su presencia y derramar nuestras ansiedades a Sus pies sabiendo que hallaremos socorro (Hebreos 4:16). No se cansará de oírnos, no se burlará de nuestra preocupación, Él confortará nuestros corazones porque entiende nuestro pesar (Hebreos 4:15). 


Una vez que hayamos rendido a Él el control total de nuestros temores, podremos agradecer lo que Él ha hecho. Podremos considerar todas las maravillas que Él ha obrado por nosotros en el pasado y recordar a nuestra mente en quién se sostiene nuestra confianza. De modo que en nuestro corazón abunde una actitud agradecida. “Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho”.


Es entonces esta comunión con nuestro Padre Celestial, esta comunicación sincera la que derramará sobre nosotros Su paz infinita. Porque Él mismo es paz. Esto no quiere decir que las circunstancias a nuestro alrededor estarán en calma, sino que nuestro corazón podrá hallar plenitud de bien pese a lo desafiante de las eventualidades. Nuestra mente y nuestro corazón estarán protegidos mientras vivamos en Cristo Jesús. ¡Él mismo es la clave! Pasar tiempo con nuestro Dios en íntima comunión, en un espacio de conversación abierta, sin reservas, inundará nuestras vidas del bienestar que está más allá de lo posible, aquel que solo conocemos en Cristo. 

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