Entradas

Salmo 20

Estaba exhausta, abatida. La última herida aún no dejaba de sangrar. Caminaba perdida desde hacía tiempo sin seguridad de a dónde iba. La arena se hacía más pesada y absurda, y la sombra de las dunas daba vueltas en mi horizonte sin poder distinguir claramente la certeza de la fantasía. Mis piernas tambalearon hasta que ya no pude andar. Caí de rodillas en la penumbra nocturna extraviada ¿Cuánto tiempo falta? ¿Cuánto más es necesario? El camino es inhóspito, seco, pesado. Mi escudo había caído lejos, y mis manos paseaban su cubierta en la suavidad de la arena, como si nadaran en el frío de su tacto. Eso era todo, no tenía más fuerzas ni tampoco el ánimo para intentarlo ¿Realmente era necesario seguir? ¿Y si mejor olvidarlo? Pero la noche no tuvo respuestas, solo oía el pequeño eco de mis propios sollozos en la inmensidad de las sombras. La soledad lo envolvía todo y devoraba cada esquina de mis pensamientos. No sé cuánto tiempo estuve así, divagando. El día no llegaba nunca y las tinie...

El hilo

En la oscuridad y el desencuentro, en la espesura de la niebla confusa, en el camino desdibujado, me pierdo. En mi pecho late la agitación del viento y en mi mente resuena la soledad del extravío. Desconozco los signos del tiempo, así me arrojo al ritmo de los días   sin saber si alguno de ellos entiende lo que busco. Voy, dando tumbos,   ondulando entre los miedos, estrellándome en los muros del  desengaño. Hasta que tendida en el suelo, nublada de frustración, siento un tirón ligero   que sutilmente levanta mi mano. Al mirar atentamente descubro un pequeño indicio, un símbolo ya olvidado. Un hilo casi transparente, amarrado a mi dedo anular. ¿Siempre ha estado ahí? Por las marcas parece que siempre. Un hilo casi invisible   que se extiende infinitamente  hacia adelante, hacia un lugar sin pasado. Sin haberlo percibido,   se fue incrustando en mi piel gastada. Tengo las marcas de algunos tirones, pero no recuerdo haber sentido nada. Me pongo de pie co...

Colosenses 1:15-23

  Colosenses 1:15-23 El canto de adoración que se presenta en Colosenses 1:15-20 revela a nosotros la extraordinaria naturaleza de Cristo: Dios, eterno, creador, sostenedor de lo creado, cabeza de la iglesia, supremo, el primero en todo. Pablo atraviesa la naturaleza, el tiempo, la creación, y concluye con la salvación: “a Dios, en toda su plenitud, le agradó vivir en Cristo y por medio de él, Dios reconcilió consigo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz.” (v.19). El cierre es colosal, Cristo es Dios, y como Dios, se entregó a sí mismo en la cruz para salvar a su creación. Luego de pronunciar estas potentes palabras, Pablo apela a los lectores de esta carta (creyentes en Colosas) a meditar en cómo el autor de la salvación los ha hecho parte de este precioso plan: “Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, separados de él por sus malos pensamientos y acciones; p...

Un cuerpo

Tejimos un caudal fluido entrelazando nuestras manos sin tocar, sin ver. Éramos el agua del anhelo profundo, la fuerza del abrazo que nadie más podía dar. Fuimos una en el pesar y acudimos en una lágrima al lecho afligido, al corazón doliente, al quebranto de la desesperanza. Fuimos en la urgencia del amor a llorar por lo que no entendemos, a sufrir por lo que no podemos socorrer. A extender nuestras manos abiertas ofreciendo su debilidad. Entonces nos arrodillamos y derramamos el perfume de nuestra angustia, justo allí, delante del trono. Fluyeron los torrentes tan amargos como sinceros. Tan sufrientes como deseosos de ver, de sentir, el milagro de la gracia.

Olas

  Olas El tiempo parece infinito cuando el dolor es embriagador, cuando la incertidumbre revuelve los mares, y levanta enormes olas a nuestro alrededor. Pero aún en el naufragio divisaba un destello, la luz tierna de tu consolación. Tragaba el agua y se nublaban mis ojos, pero oía la voz cierta de tu amor. En la oscuridad, llenaste el cielo con estrellas que indicaban el camino. Trazaste un curso con todas ellas, para que viera que estabas conmigo. Me alzaste en las aguas, me sanaste en la sal, Me atrajiste a tu presencia por encima del mar. Navegué hacia tus ojos que brillaban sobre mí.   Comprobé que tu gracia continuamente ha estado aquí. ¿Por qué no me sacas de esto? ¿Por qué no acaba este dolor? Porque aunque no lo veas claramente,   estoy renovando tu corazón. Sientes que esto es duro ahora, pero te aparto para lo mejor. De ti brotarán nuevas raíces Que confortarán tu convicción. Sé que temes, sé que sufres, estoy aquí para llevar tu dolor. Lo llevé una vez en mi pr...

Filipenses 4:6-7

 Filipenses 4:6-7 “ Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:7. NTV) Conocemos estás palabras de memoria. Lo más probable es que nos hayamos cobijado en ellas más de una vez en nuestras angustias. La paz de Dios que supera todo entendimiento, qué tremenda promesa. Sin embargo ¿recuerdas cuáles son las verdades que Pablo nos entrega antes de pronunciar esta promesa? Si miramos con atención, este versículo inicia con la partícula “así”, la cual indica una relación de causa y consecuencia. También puede interpretarse como: “entonces”, “a causa de lo anterior”. Este pequeño marcador nos indica algo trascendente: las palabras anteriores a esta sección son la clave para recibir la promesa que aquí se pronuncia. Por tanto esta paz, que supera todo lo que podemos entender y que asegura cuidar nuestra mente y corazón, vendrá a nosotros como consecuencia de lo que P...