El hilo


En la oscuridad y el desencuentro,

en la espesura de la niebla confusa,

en el camino desdibujado,

me pierdo.

En mi pecho late la agitación del viento

y en mi mente resuena la soledad del extravío.

Desconozco los signos del tiempo,

así me arrojo al ritmo de los días 

sin saber si alguno de ellos

entiende lo que busco.


Voy,

dando tumbos, 

ondulando entre los miedos,

estrellándome en los muros del desengaño.

Hasta que tendida en el suelo,

nublada de frustración,

siento un tirón ligero 

que sutilmente levanta mi mano.

Al mirar atentamente

descubro un pequeño indicio,

un símbolo ya olvidado.

Un hilo casi transparente,

amarrado a mi dedo anular.

¿Siempre ha estado ahí?

Por las marcas parece que siempre.

Un hilo casi invisible 

que se extiende infinitamente hacia adelante,

hacia un lugar sin pasado.

Sin haberlo percibido, 

se fue incrustando en mi piel gastada.

Tengo las marcas de algunos tirones,

pero no recuerdo haber sentido nada.

Me pongo de pie con esfuerzo

Y entonces frente a mis ojos

Veo al que sostiene la punta del hilo.

Sus ojos destellan frente a los míos 

y sus palabras encienden mi corazón fatigado.

Su voz firme serena mis vientos,

Y la brisa de su boca remueve

un par de cristales en mis ojos.

Ahora lo reconozco, yo lo he visto,

Mi ser entero lo conoce.

Recuerdo el día en que puso el hilo,

Y la promesa que me dio en ese entonces:

“Yo te haré saber 

y te enseñaré el camino 

en que debes andar;

Te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti”.


Me detengo a mirar el camino tras de mí

vi el lugar de mis temores,

las veces en que me creí morir,

en todos esos lugares la marca de su amor

estaba clara y firme allí.

¿Cómo no me di cuenta?

¿Cómo dejé de ver?

¿Cómo olvidé que sus ojos

Estaban siempre puestos sobre mí?


Sujeto el hilo con firmeza,

por miedo a otra vez olvidar.

Por favor, no dejes que ignore

tu mirada y tu fidelidad.

Permíteme recordar este día,

por favor, ayúdame a mirar.

Que la niebla nunca cubra este sello,

que me preserva para la eternidad.

Sus ojos me miran fijamente,

emanan de confianza y seguridad,

me recuerdan que no es ver lo que necesito,

sino confiar en su consejo admirable.

"Si algún día vuelves a extraviarte,

sin poder encontrar el sentido,

siempre puedes llamar a mi nombre,

yo nunca dejo de sostener el hilo".


Retomo entonces el paso

por un camino desconocido,

me dirijo hacia donde no he estado,

hacia aquello que no puedo ver,

confiada en que quien tira del hilo,

nunca me dejará caer.


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